VIOLENCIA SIMBÓLICA. Deconstruyendo a “Te compro tu novia” de “Los Cantantes de Ramón Orlando.”

“El lenguaje habitual está lleno de expresiones y estructuras que en el mejor de los casos perpetúan estereotipos que perjudican o invisibilizan a las mujeres y en el peor las denigran” escribe Mayte Rius en su artículo “El sexismo que ocultan las palabras”, para el diario La Vanguardia.

Hoy quiero hablar sobre la violencia simbólica, la que vemos y escuchamos todos los días, la que se queda en nuestras mentes, la que retumba nuestro subconsciente y saca lo peor de nosotros. Aquella que exterioriza el deseo construido por una falsa libertad de ocasionar violencia física hacia las mujeres.

Vale la pena resaltar que esta canción es una más del listado de canciones que tienen inmersa en su letra violencia, estereotipos, discriminación, relaciones de dominación hacia las mujeres y que reflejan la cultura y las creencias que deben ser corregidas en la sociedad.

Observemos la letra de “Te compro tu novia”, una canción que escuchamos desde el año 1994.

  “Te compro tu novia
pues tú me has dicho como es ella
y me gustó la información.”

“Te compro tu novia,
no voy a regatear el precio,
ni de pronto el valor.”

“te la compro,
no creo que saldría cara,
ni aunque cueste un millón.”

Te compro tu novia”

Hace referencia a la venta y compra de mujeres, práctica que se realiza todavía en algunos países del mundo. Hace poco en Colombia vimos cómo se exteriorizaba un argumento sobre la venta de mujeres wayuu, que fue rechazado severamente por las colombianas.

La relación de poder que se genera entre los hombres y las mujeres del núcleo familiar o social cercano es muy grande, al punto en que se considera que el hombre tiene derecho a decidir sobre el cuerpo de las mujeres que lo rodean. La práctica de nacer y tener como dueño al padre de familia y los hermanos varones mayores, casarse y transferir el dominio al esposo hasta el día de la muerte, es realmente humillante.

La autonomía del cuerpo de las mujeres es un principio básico en nuestra lucha por las transformaciones avanzadas en la sociedad.

Esta tradición parece ancestral, pero está presente en pleno siglo XXI. Pese a que se encuentra todavía tan arraigada en nuestra cultura, se debe terminar. Así como todo tiende a cambiar en las relaciones sociales y en la vida en general, es una obligación de TODOS acabar con esta práctica y establecer nuevas relaciones igualitarias y equitativas.

“Pues tú me has dicho que
es linda y apasionada
y es buena y adinerada

no cela nunca por nada
y sabe hacerlo todo en la casa.”

El estereotipo de belleza de la mujer, hace daño al desarrollo social de la personalidad, afecta las relaciones sociales y termina siendo el objetivo personal más importante en los seres humanos. La belleza física es una exigencia que no se le debe imponer a nadie, siendo esta una apreciación subjetiva.

“No cela nunca por nada”

La frase anterior, hace relación a los celos, comportamiento humano ante la amenaza de sentir que se pierde o desmejora una relación interpersonal.  Puede llegar a convertirse en una patología que debe ser tratada por el sistema de salud. Curiosamente, este comportamiento siempre se les atribuye a las mujeres, pero déjenme decirles que son más los hombres los que cometen delitos por esta causa. Tenemos las cifras de homicidios por ira e intenso dolor, feminicidios, denuncias por violencias físicas y psicológicas. Nuevamente tenemos el deber de formar relaciones afectivamente responsables.

“No sale ni a la esquina,

no habla con la vecina,

no gasta y economiza”.

Históricamente se le descargan las labores de cuidado y domésticas a las mujeres, lo que se convierte en un impedimento para tener autonomía económica, libertad de tiempo para formación, deporte y recreación. El trabajo de cuidado y doméstico hace parte de la economía de cuidado, corriente económica que ya muy bien ha avanzado en su estudio y aplicación en naciones que aún no conciben este trabajo como un eslabón de la economía, caso colombiano.

“Y todo lo resuelve tranquila.”

La tranquilidad como característica fundamental de las mujeres. Nos exigen ser calladas, tranquilas, modestas, casi que, sin voz dentro de la sociedad, creo que ese distintivo está siendo suprimido y ya no hace parte del deber ser para la formación del género femenino, por lo menos no en su totalidad.

-Se repiten las mismas estrofas varias veces.

“Véndela, véndela
o dile a su madre que me fabrique otra igualita.
Véndela, véndela
si quiere una mía por ella te las cambio toditas.”

Quizá podemos pensar que siempre ha existido y que siempre existirá el lenguaje ampliamente sexista, lenguaje cotidiano que se cuela por la costumbre, la cultura, la intelectualidad, el desarrollo de las políticas públicas, y que terminan haciendo eco en todas las esferas de la sociedad.

Yo creo verdaderamente que cada vez que nosotras expresamos el descontento por letras violentas, podemos cambiar poco a poco la estructura patriarcal en la cultura musical. No hay que escatimar acciones, todas dentro del marco pacífico, con sentido de implacable lucha lograremos vencer.

 

 

 

 

 

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Abogada de la ciudad de Ibagué, feminista.

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