Violencia contra la mujer en tiempos de cuarentena

Luisa Astudillo, Abogada. Activista del Municipio del Líbano Tolima.

De acuerdo al concepto legal, por violencia contra la mujer se entiende cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado.

En otras palabras, la violencia contra la mujer se puede definir como aquella violación a la integridad física, psicológica, sexual y económica que sufre una mujer por el hecho de serlo, como producto de la desigualdad que existe entre el género femenino y el género masculino. La violencia contra la mujer sucede en muchos escenarios, pero el que ocupa el primer lugar en la lista de sitios con un potencial riesgo de violencia es: el hogar.

En Colombia durante el primer trimestre del 2020 se registraron alrededor de 15.000 casos de violencia intrafamiliar, el 76,7% de las víctimas fueron mujeres, planteándose un escenario altamente preocupante al anunciarse que debido a la pandemia producida por la propagación del coronavirus Covid-19, el país entraría en un periodo de aislamiento preventivo obligatorio el cual forzaría a las mujeres permanecer las 24 horas del día con su posible agresor.

Las cifras no tardaron en crecer de manera alarmante; a un mes del inicio de la cuarentena se registraron  3.951 llamadas a la línea de emergencia 155 destinada a la recepción de denuncias por violencia contra la mujer, representando un aumento del 167% sobre los casos registrados en el mismo periodo en el 2019 y en algunas regiones del país registrando un aumento hasta del 200% en dichas cifras.

Luego de aproximadamente 3 meses de confinamiento, llegamos a la aterradora cifra de 104 feminicidios en el país y una cifra de alrededor de 5.000 casos reportados de violencia; una evidente crisis que ni el gobierno nacional, ni los gobiernos departamentales y municipales o alguna institución estatal está abordando con la diligencia y los recursos que amerita.

¿Qué podemos esperar las mujeres?

El panorama es supremamente desalentador. En primer lugar, las cifras de violencia van en aumento y en la mayoría de los casos registrados los victimarios conviven a diario con las víctimas o hacen parte de su círculo más cercano, lo que traduce y confirma que el hogar no brinda la seguridad que las mujeres esperaríamos.

Por otro lado, el estado, mas allá de crear medios de denuncia, ha creado una gran desconfianza entre las mujeres puesto que muchas de las denuncias terminan archivadas, en procesos extensos, sin medidas inmediatas ante los casos y dilaciones ante la recepción de la denuncia, además, “brillan por su ausencia” estrategias para reducir las cifras y brindar la seguridad que las mujeres necesitamos.

Por último, las condiciones económicas de las mujeres es un tema que siembra gran preocupación; las relaciones de poder se han creado entre otras causas, por la dependencia económica que termina convirtiéndose en violencia y más desigualdad. Como consecuencia del covid – 19, las problemáticas económicas que siempre han existido en el país se han agudizado y las que cargamos desproporcionadamente las mujeres no se quedan atrás; solamente en la ciudad de Ibagué el desempleo en las mujeres creció un 80,7% pasando de13% en abril del 2019 a 23,5% en abril del 2020, llevando a las mujeres de nuevo a sus casas donde seguramente dedicaran su tiempo al trabajo doméstico no reconocido dando lugar a nuevos posibles escenarios de violencia.


Tomado de: Pángara.Co

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Luisa Astudillo
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